jueves, mayo 10, 2007

 

Las ratas

Hacía tiempo que no hablaba de política. Quizá porque el asunto ha adquirido ya unos tintes tan cotidianamente absurdos que llegan a aburrir. Sin embargo, el domingo pasado tuve que dar cuenta de una información que, pese a la resistencia natural que había generado hacia la perplejidad, consiguió abrirme los ojos como platos y obligarme a releer lo que había llegado a mis manos --y que luego tenía que manufacturar con palabras más bonitas y asequibles--.

No descubro nada si digo que es práctica habitual en políticos y gentuza semejante eso de bañarse en un mar o río convertido en cloaca para demostrar su salubridad. A nuestra mente vienen, aunque no lo hayamos vivido en primera persona siquiera, los calzones sobaqueros de Fraga cuando cayó la bomba en Palomares (Almería).

Esto acació allá por 1966 e imagino que los casos similares son innumerables por toda la geografía patria. De hecho, hace menos de un año el alcalde de Pontevedra, Fernández Lores --del BNG, para demostrar que estas cosas no son patrimonio exclusivo de la derecha-- se bañó en el Lérez, que sigue oliendo a perros muertos, para dejar claro que su gestión lo había dejado como una patena. El hombre no murió, pero tratándose de un político, cuya configuración genética siempre es más próxima a la de una rata que en el resto de mortales, no es un detalle significativo.

Pero, como decía, lo verdaderamente estupefaciente para mi cerebro fue que el otro día asistimos en Santiago a una reformulación de este arcaico concepto. Y, tal y como os teméis, no fue para mejor, para dignificar en algo esa profesión, sino para incrementar mis deseos de que a este planeta le caiga un meteorito que nos mande a todos a tomar por saco para siempre.

Y es que el flamante candidato del PP a la Alcaldía de Compostela --ciudad ahora gobernada por el PSOE--, Gerardo Conde Roa, no se le ocurrió otra cosa que bañarse en el Sarela, un río cuya composición no dista mucho de la del retrete de mi bar una noche de viernes. ¿Y para qué se bañó? Evidentemente, no para demostrar las virtudes de su gestión, sino para demostrar que por culpa de los sociatas el río está lleno de mierda y para prometer, acto seguido, que él lo limpiará hasta dejarlo que se puedan mojar sopas de pan. Como podréis adivinar, a éste ni tan siquiera le salió un sarpullido. Ya se sabe. Las ratas, que todo lo resisten.

Regurgitaciones:
Muy buen artículo y bien expresado. Tal vez le interese EL ARTE DE LA VENTAJA, libro virtual para descargar en

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Un saludo
 
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